La biomasa ha sido durante décadas una fuente energética basada en el aprovechamiento de residuos orgánicos. Hoy, las tecnologías avanzadas están ampliando su papel dentro de la transición energética.
Los sistemas modernos permiten transformar residuos agrícolas, forestales e industriales en electricidad, calor o combustibles renovables. Una de las innovaciones más prometedoras es la integración con tecnologías BECCS, que capturan el dióxido de carbono generado durante la producción energética y lo almacenan de forma permanente.
Este enfoque abre la puerta a proyectos capaces de generar emisiones negativas, algo que pocas tecnologías energéticas pueden ofrecer.
Aunque el sector enfrenta desafíos relacionados con costos y sostenibilidad del recurso, la biomasa avanzada podría convertirse en un componente importante de los sistemas energéticos bajos en carbono.
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