Durante décadas, la energía hidroeléctrica ha sido la principal fuente renovable en muchos países. Su capacidad para generar electricidad de forma continua y regular la red eléctrica la convierte en una infraestructura estratégica.
Sin embargo, el cambio climático está alterando los ciclos hidrológicos, generando sequías prolongadas en algunas regiones y eventos climáticos extremos en otras.
Estos cambios están obligando a modernizar infraestructuras existentes, mejorar sistemas de monitoreo y adoptar nuevas estrategias de gestión del agua.
A pesar de los desafíos, las hidroeléctricas seguirán desempeñando un papel fundamental en el sistema energético, especialmente por su capacidad de almacenamiento y regulación.
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